Resulta difícil permanecer en Lisboa y abstraerse a saborearla desde sus colinas, del mismo modo que parece absurdo tratar de descubrirla sin dejarse llevar por sus calles. Un día en Lisboa sobre rieles es, seguramente, uno de los mejores métodos para conocer la ciudad, pues no sólo acercan al visitante a los lugares que desee contemplar, sino que también le va a permitir pulsar el verdadero latido de la ciudad.
Y, para algunos, sirve como particular medio de transporte tanto en el tiempo como en el espacio, dado el recuerdo que provoca en los visitantes norteamericanos, capaces de ver enormes parecidos con San Francisco, aunque no sólo por los tranvías, sino por la singular disposición de la ciudad.
Sin duda, la forma más espectacular de llegar al Barrio Alto, según afirman los propios lisboetas, es tomando el Elevador de Santa Justa. Aunque los funiculares de la Gloria y de la Bica no son menos sorprendentes. Otros muchos, sin embargo, aseguran que el mejor paseo en tranvía lo ofrece el número veintiocho. Pero, al margen de opiniones personales, sí es posible afirmar que cualquiera de ellos ofrece una forma diferente de ver la capital.
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