San Pedro do Sul es, posiblemente, el mejor punto de partida para realizar un recorrido por la historia termal de esta región. Aquí quedan restos de la piscina y de las grandes columnas, la lápida con inscripciones dedicadas al dios Mercurio, protector de las termas. Posiblemente el templo estaría dedicado a él.
Menos documentos se desprenden de la época agarena, al contrario que tras la reconquista, cuando estas termas se denominaron Villa do Banho y alcanzaron gran notoriedad. Siempre estuvieron protegidas por los monarcas y fueron frecuentadas por los nobles de la región. Tal fue su importancia que en 1152 le fue concedió el fuero, naciendo uno de los ayuntamientos más antiguos de Portugal, el ayuntamiento de Lafões.
Curioso es el caso de las termas de Alcafache cuyas aguas fueron utilizadas durante siglos por las poblaciones circundantes que hasta allí se desplazaban. Aunque no hay indicios de que existiera una estación termal, si se han encontrado restos de una posada del siglo VI. Posiblemente, por la disposición de las habitaciones, los huéspedes se bañaban en bañeras llenadas por cántaros de hombres que transportaban agua del manantial que nace en pleno río Dão. La Misericordia de Viseu construyó otra posada a finales del siglo XIX a la que tenían acceso los pobres, que se bañaban gratuitamente.
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