
Uno de los monumentos históricos y que no puede dejar de visitar en su viaje a Lisboa es la Torre de Belem, obra del arquitcto Francisco de Arruda y constituye uno de los ejemplos más representativos de la arquitectura manuelina. Se encuentra situada en la desembocadura del río Tajo, en el barrio de Belém al suroeste de la capital de Portugal.
La historia cuenta que su construcción fue iniciada en 1514, bajo el reinado de Manuel I de Portugal (1495-1521) y finalizaron en 1520. Debes saber que durante la Era de los Descubrimientos Lisboa creció en importancia y se convirtió en una ciudad cosmopolita y, por ende, Lisboa se convirtió en una escala obligada en las rutas del comercio marítimo. Entonces, proteger la ciudad era una necesidad.
Se cuenta que El rey Joao II tuvo la idea de edificar una barrera defensiva que consistiría en tres fuertes: el Fuerte de San Sebastián de Caparica, la Torre de San Antonio en Cascais, y una tercera fortificación en Belém. Y trasla muerte del rey Joao II, fue Manuel I, su sucesor, quien continuó el proyecto defensivo ordenando contruir la torre.
Cabe destacar que la nueva fortaleza defensiva reemplazó a un antiguo navío artillado anclado allí, lugar desde donde partían las naves para las Indias. Sin duda que este monumento originó el avance progresivo sobre las aguas del Tajo, pero con el tiempo la torre fue perdiendo su caracter defensivo original y fue utilizada como aduana, faro y como prisión.
En fin; en su visita a esta ciudad no debe perderse la oportunidad de conocer la Torre que fue declarada Monumento Nacional en 1910 por la UNESCO , en tanto que en julio de 2007 fue declarada una de las Siete Maravillas de Portugal, junto al Monasterio de los Jerónimos, el Castillo de Guimarães, el Castillo de Óbidos, el Palacio de Pena y el Monasterio de Alcobaca.

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