
La imagen más común de la decoración en las iglesias, sobre todo en el norte, es la profusión de talla dorada y azulejos. En el sur, siempre se han visto más sencillas y sobrias, caladas de blanco, color característico de los pueblos y aldeas del Alentejo.
Por ello, la Ruta de los Frescos es sorprendente, ya que descubrirá que bajo la blanca cal existen pinturas murales escondidas hace siglos, que nos da una nueva perspectiva de estos monumentos religiosos.
Hechas en los tonos del paisaje alentejano con sus pigmentos naturales – azul cobalto, magenta y amarillo ocre – las pinturas murales tenían la misión de pasar a la población el mensaje religioso de fácil comprensión.
Los monumentos de la Ruta de los Frescos revelan pinturas de gran calidad, pero también curiosas interpretaciones populares. Si miramos con atención, nos sorprenderán manos con seis dedos, caballos con expresión humana o espadas cortadas por escasez de espacio disponible.
Durante el recorrido podrá saborear la gastronomía alentejana y tendrá una oportunidad distinta de conocer las costumbres y tradiciones locales.
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